IDEALIZAR A LAS PERSONAS


¿Te has encontrado de manera repetitiva decepcionándote de tus parejas, amigos y maestros?


Es muy probable que el motivo sea una tendencia en ti a idealizar y poner en pedestales a las personas, negando su humanidad y creyendo que son una especie de seres humanos iluminados y superiores a ti, relegando tu poder y dando el mensaje que no eres lo suficientemente bueno. En la idealización vemos a esa persona “especial” bajo una luz brillante. Sus cualidades dominan el primer plano de nuestra percepción y sus defectos desaparecen.


Esta situación es muy común entre las escuelas espirituales y de crecimiento personal. Los alumnos y aprendices pierden objetividad, producto de una baja autoestima, de un estado de vulnerabilidad y lastimosamente en ocasiones por un abuso de poder y exceso de ego de los Maestros o Gurús.


Las relaciones románticas, las cuales en sus inicios como proceso natural se desarrollan dentro de la idealización. Pueden volverse muy tóxicas cuando esta es un anhelo de perfección que no existe, negando muchas veces situaciones de maltrato y abuso.

Abrigar la ilusión de que alguien es perfecto, es no dejarle ser humano, por lo que cuando comete un error de juicio o actúa en contradicción con nuestra idea de perfección, nos desilusionamos. Podemos enojarnos o distanciarnos. Sin embargo esta persona no tiene la culpa de que lo hayamos idealizado, a pesar de que haya disfrutado verse a sí mismo como perfect@ a través de nuestros ojos, pero contrario a lo que nos decimos, nosotros somos los que elegimos creer esa ilusión.


Al pasar por este proceso suficientes veces, aprendemos que nadie es perfecto. Todos somos una combinación de cualidades divinas y humanas y todos luchamos. Reconocemos que estamos en aprendizaje y que la idealización es una fase de las relaciones humanas que puede ser pasajera y no dejar relaciones heridas. Cuando tratamos a las personas que amamos con esta conciencia, en realidad permitimos una intimidad mucho mayor que cuando los mantuvimos en lo alto de un trono y podemos aceptar las como verdaderamente son.


No podemos realmente conectarnos con una persona cuando la idealizamos. En la vida, no hay pedestales: todos caminamos juntos por el mismo terreno. Cuando nos damos cuenta de esto, podemos ser dueños de nuestra propia divinidad y nuestra humanidad. Esta es la clave para el equilibrio y la integridad dentro de nosotros mismos y nuestras relaciones.


Reconocer que idealizamos puede estar vedado a La Luz de nuestra consciencia por una tendencia a proyectar nuestras necesidades de manera no muy sana. Permitir que nos acompañen en un proceso de reconocimiento de nuestras idealizaciones nos ayuda a salir iles@s y mantener nuestras


relaciones sanas.


Carla Moreno

Terapeuta Humanista Gestalt

Maestra Reiki


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